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En la guerra y en la política, la primera víctima es la verdad. Hay quien añade al amor. La verdad resta votos, puede evitar invasiones y —a algunos— les ha roto una relación de pareja, o les ha evitado un encuentro erótico en la tercera fase. En época de elecciones debemos cuidar a esa muñeca de cristal llamada Verdad. Cuidarla de los zarandeos de los políticos sobre la mesa electoral. Muchos candidatos piensan que la verdad es una mentira repetida. Lo dijo la poeta estadounidense residente en París: “una rosa, es una rosa, es una rosa...”. Y, sin duda, la reiteración le quitó el olor a la flor. Y nos hizo dudar del nombre. Lo mismo hizo durante semanas la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin. Repitió que rechazó el proyecto del llamado “puente a ninguna parte” para mostrar la imagen de una política independiente que no se doblega al dinero de los intereses especiales. La verdad:primero lo apoyó, luego lo rechazó y siempre aceptó el dinero que llegó a Alaska.

La mentira. Así es como se le llama en español. En inglés, los medios de comunicación se empeñan en decir —siempre en temporada electoral— que la señora Palin (y otros) son inexactos, imprecisos... ¿sinónimos de “mentira”? No en mi diccionario. Tal vez los republicanos hayan aprendido del libro de los pecadillos del presidente Bill Clinton: aquel presidente que balanceó el presupuesto nacional y que nunca mentía, pero jamás decía la verdad.

La crisis. En estos tiempos de debacle económica caen gigantes bancarios como Lehman Brothers o Bear Stearns, las grandes hipotecarias Freddy Mac y Fannie Mae, y la aseguradora AIG. El Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer: intervenir. Poniendo en práctica la autoridad que se remonta a la época de la Gran Depresión y el “crash” de 1929, el Gobierno le inyectó $85 mil millones a AIG. Hoy el mercado no es capaz de ajustarse por sí solo. El martes 16, JP Morgan y Goldman Sachs intentaron arreglar un préstamos de $75 mil millones a AIG, pero al final renunciaron ante la imposibilidad de levantar los fondos. Es el fracaso de la filosofía neoliberal republicana que pregona la desregulación y la no intromisión del Gobierno. Es una administración republicana la que tiene que entremeterse y nacionalizar (por ahora). Y el candidato presidencial republicano John McCain, quien ha promovido legislación para desregular radicalmente a la banca y a las aseguradoras, explicó esta semana que el Gobierno tiene que “actuar en defensa del interés público”. McCain ha menospreciado la función del Gobierno como regulador, le ha pedido al Gobierno que se quite de en medio. Ahora dice que, cuando sea presidente, meterá a las grandes corporaciones en cintura. Pero no miente.

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