La propuesta de Obama de invertir en América Latina, no se puede concebir sin la revisión al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos Canadá y México, por tanto el rescate de Wall Street debe de hacerse con sumo cuidado ante el peligro de que solo sirva para enriquecer aún más ( como sucedió en México) a los causantes de esta crisis que amenaza con colapsar a medio mundo y todo siga igual.
Lo que ningún gobernante mexicano tuvo la osadía siquiera de pensar, lo ha lanzado como promesa de campaña el candidato del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América Barack Obama, en donde se deberá someter a una revisión profunda del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá.
“Lo que no funcione deberá desecharse y cambiarse“ ha dicho el candidato demócrata en diversas ocasiones, seguramente el defenderá los intereses de sus connacionales, pero aún así, esa coyuntura nos conviene y dependerá de la capacidad negociadora y la honradez de nuestra representación sacar adelante los rubros del campo mexicano, el medio ambiente, el agua y otros temas de interés vital para el estado mexicano.
De ganar Obama la presidencia, la revisión del TLC, es de una trascendencia política, social y económica en la historia del comercio global sin parangón, primero, porque el TLC es un marco regulatorio SUPRACONSTITUCIONAL que ha empobrecido sistemáticamente a la clase trabajadora estadunidense, mexicana, y canadiense. Es esta violación de lesa humanidad lo que jurídica y políticamente lo vuelve susceptible de revisión.
Esto no significa que el TLC centrado en temas comerciales con países subdesarrollados, carezca por completo, de interés para EEUU. Un tratado basado en la discusión estricta de temas "de frontera" no alcanzaría para discutir ningún tipo de acceso al mercado norteamericano para productos de la región que compiten con productos declarados "sensibles" por ese país, como el maní y el azúcar.
Ni cada país de la región por separado, ni la región en su conjunto, tiene la importancia comercial para que, los EEUU pongan sobre el tapete un acceso mínimo para estos rubros, que han procurado mantener fuera de todas sus negociaciones comerciales.
En la vigencia actual del TLC, USA , además de promover su interés comercial, impone en cada uno de éstos países, disposiciones que van mucho más allá de las obligaciones negociadas por la vía multilateral en la OMC, donde la relación de fuerzas se ha tornado un tanto más balanceada en favor de los países en desarrollo.
Es la clásica estrategia norteamericana de ir tejiendo con rapidez un tendido de tratados bilaterales o regionales que debilite las posiciones comunes de los países en desarrollo y vaya aislando a los países más beligerantes en la defensa de estas posiciones, mientras fortalece las tendencias centrífugas, que tienden a la aceptación de las presiones de las grandes corporaciones de los países desarrollados.
En contrapunto, para EEUU el acceso a nuestros mercados no constituye ningún problema ni les interesa demasiado, en cambio desde el punto de vista de nuestros países, este tema de "acceso a mercados" es el que reviste el mayor interés, al punto de con frecuencia en las negociaciones se cede en los otros campos, a cambio de concesiones marginales en el plano comercial.
No hacerlo así, estallaría un problema en la economía y las finanzas nacionales de los países firmantes, hoy con mayor vulnerabilidad que antes, pues aunque digan que estamos blindados para este tipo de contingencias, la crisis estadounidense puede arrasarnos, pues la agobian, más que la falta de liquidez o de solvencia, situaciones de alta corrupción de ejecutivos cuello blanco, recurrente desde aquellos avatares de Enron, como se ve, finalmente sin pretensiones de redención. Por tanto la revisión justa al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos Canadá y México sería una de las soluciones al problema de la migración riesgosa de la clase trabajadora principalmente hacia los Estados Unidos.