A cualquiera con dos dedos de frente. Especialmente si quiere acceder legítimamente a la presidencia o a cualquier cargo de servicio público. Es bueno recordar que el acto de servir define el ejercicio de la política. Lo demás son patologías de mediocres: egoistas, corruptos, dictadores o aprendices de soberanos absolutos. Contra quienes hay que votar para botarlos. Y no es que en nuestra arena política haya dictadores o aspirantes a ello. Mediocres, sí. Y en el libre mercado de las ideas el voto es una llave que abre puertas, vacía la casa de lo indeseado, la llena de proyectos y esperanzas y proclama una voz cargada de futuro. Así es el juego de la democracia.
Razones. Las decisiones que toman nuestros representantes públicos —desde el presidente de la nación hasta un alcalde, desde un gobernador hasta un concejal— tienen un impacto directo en la calidad de vida de los ciudadanos y residentes, en las diferentes comunidades del país. Por eso el voto latino importa y les importa. Y por eso los ciudadanos latinos debemos apoyar a candidatos que aseguren apoyar políticas públicas consistentes con nuestras aspiraciones en este país. El voto latino se relaciona directamente con la construcción de una comunidad cada vez más importante y poderosa. Estoy convencido de que, como representante de un importante medio de comunicación en español, es nuestra responsabilidad animar al voto. Y proyectarnos lo más políticamente activos, sin ser partidistas.
Virginia. Pero ambas campañas presidenciales saben del peso que añade a la balanza el voto latino. En 2004, el candidato dem ócrata John Kerry perdió Nuevo México por 6.000 votos. Allí, unos 40.000 votantes latinos inscritos se quedaron en casa. Fue el año en que George W. Bush ganó con un apoyo récord de voto latino para los republicanos de más del 40 por ciento. En 2008, el estado de Virginia puede darle a los latinos una voz decisoria. Puede ser ése el voto que le entregue en bandeja de plata al candidato demócrata un estado que tradicionalmente vota republicano en las presidenciales. El reto: parece que el votante latino inscrito en el Norte de Virginia no acude a las urnas con la misma contundencia que el resto de la población. Ejemplos: hace cuatro años, en el distrito congresional 11, el 63 por ciento de la población acudió a las urnas; pero de los 32.537 votantes latinos elegibles sólo votaron 16.101, o un 49 por ciento. Y en un condado como Prince William —desafortunadamente famoso a nivel nacional por sus tensiones migratorias—, de los 16.212 votantes latinos, votaro n 7.514, o un 44 por ciento. Comprometerse a movilizar el voto es un saludable ejercicio en democracia. Pero para los latinos es una necesidad que nos define a futuro.
Alberto Avendaño
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