FABRICANTE DE ESPEJOS / AFRICA Y VERACRUZ UNIDOS POR EL SIDA.
El hombre que ha muerto de SIDA es una de esas jóvenes víctimas que los dioses llaman hacia sí. En su entierro resuenan las percusiones africanas.
El sonido asegura la reencarnación de los elementos espirituales del muerto, también confortan a los deudos de su dolor, aunque al tocar, el músico pierda algo de sus fuerzas vitales que se van en ese ritmo que penetra y es plegaria, acción de gracias, encantación, ensalmo, magia, narración escondida, liturgia danza o psicodrama acompañada de un tambor, una firma ñañiga y un pañuelo de colorines.
El ritual está cargado de lo más significativo de las etnias y grupos del continente esplendorosamente negro: “Los ijo “ y los “ibos” provenientes del sur de Nigeria apropiadamente vestidos con sus pertrechos de lucha, las madres acunando a sus hijos, los ancianos jefes de la comunidad.
Todos hacen la representación de las máscaras en torno del muerto tratando de interpretar y denunciar sus calamidades. enmarcados por la descarga de ritmos que se desparraman hasta dejar exánimes a los actores.
Los hombres de buena voluntad reclaman al mundo la libertad por África, hacerlo es también exigir la liberación política social y económica por Veracruz.
No es nueva nuestra identidad jurásica con el continente negro, la determinan la magnitud de esas nuestras desgracias comunes escritas entre el dormir y el despertar de nuestros volcanes, por las fuerzas tectónicas que algún remoto día separaron al Kilimanjaro del Pico de Orizaba, entre el hedor azufroso de sus sacrificios humanos que sintetizan sendas culturas milenarias.
Africa y Veracruz no sólo tienen en común la constante del clima tropical, del paisaje que igual puede contemplar el desagüe de los ríos Cuanza y Cuango (Kwango, afluente del río Congo), o el Coatzacoalcos y el Papaloapan de cara al Océano Atlántico.
Ambas geografías tienen riquezas incalculables: el petróleo, los africanos además poseen diamantes, vetas de hierro, manganeso, cobre, uranio, fosfato y sales hacen increíble e injustificable la miseria insultante que los está devastando ahora mismo. A ello se le tiene que sumar “ una tragedia sin precedentes” que hace necesario “ actuar con la mayor urgencia” clama desesperado el ex Presidente Nelson Mandela.
El escudo continental de rocas precámbricas no pudo rechazar la peste del siglo. El VIH le hincó el hocico al cuello con esa furia silenciosa que anuncia la muerte. Esta vez, parece que no la quiere soltar. Antes había sobrevivido a otras calamidades: la peste porcina, que bajó de Portugal a mediados del siglo veinte, y se extendió a España y otros países del sur de Europa, así como a Brasil, Haití y República Dominicana.
De los treinta y cuatro millones de personas contagiadas por SIDA el setenta por ciento a nivel mundial viven ahí.
En Veracruz el virus mortal también nos une poderosamente a África. De las 398 defunciones por Sida que registró el Instituto Mexicano del seguro Social, entre enero a mayo de 2007, 46 casos ocurrieron en Veracruz, que representan 11.5 por ciento del total, sin contar el Distrito Federal y el Estado de México.
De los 398 mexicanos que murieron en tan breve periodo a causa del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida) 326 fueron hombres y 72 fueron mujeres.
En Jalisco, con 34 defunciones por Sida ocupó el segundo lugar ; seguido de Nuevo León, con 30; Baja California, con 27; Quintana Roo, con 23; Tamaulipas, con 22; además de Chihuahua y Puebla, con 20 en cada caso.
Yucatán presentó 17 fallecimientos, Chiapas tuvo 16, Guerrero registró 15; Coahuila y Morelos, 14 en cada caso, y Sinaloa con 13 muertes.
En menor medida estuvieron Durango, Oaxaca, San Luis Potosí y Sonora, con nueve casos cada entidad;
Una niña veracruzana de trece años ha dado a luz recientemente y desde los seis meses de gestación se le había detectado SIDA.
La nueva esclavitud arriba inesperadamente a los municipios ligados a la negritud de Nyanga, esclavo africano traído a los campos de cultivo en Veracruz, que se rebeló para liberar a los suyos. Del negro Nyanga sólo fantasmas quedan de aquellos trapiches e ingenios establecidos en el valle de Orizaba, en los lomeríos de Huilango, y en las tierras fértiles y llanas que se ubican en la sierra de Matlaquiahuitl y las escabrosas montañas de Zongolica, en donde a principios del siglo XVII se gestó el movimiento libertario que tuvo por caudillo a Nyanga, negro africano.
Los médicos residentes que atienden a la niña, desesperados en su lucha científicamente perdida contra esta peste endémica, invocan la terapia de Nyanga que no es otro que la adivinación, en culto de brujos yoruba e ifa se arriman mesas de predicción laboriosamente esculpidas y cacharros labrados con destreza, de esos que se han encontrado recientemente en nuestro país dentro de cuevas aunque datan de miles de años. Pero el caso de esta niña es solo uno de los 322 de Orizaba, y otro más entre los mil trescientos veintiséis en el municipio más antiguo de América continental.
El Presidente de la Sociedad Internacional del Sida sentenció que “ La lucha contra el virus no dará resultado si los países ricos son cada vez más ricos y los naciones pobres son cada vez más pobres”.
Un barreno eléctrico de acero apunta directo a la sien de las naciones indefensas, que asemejan ese nuevo estilo de matar animales en el rastro, porque uno de los inconvenientes del neoliberalismo es que las novedades de la tecnología se están utilizando para someter o liquidar a la humanidad que se resista.
Dos ejemplos: las ciber finanzas y la ciber pandemia del SIDA (guerra infectológica).
Uno de los eslabones mas sofisticados para someter al género humano es la fusión de empresas. Estas fusiones en un principio crean monopolios, que dan vida a gigantes empresariales que aterrorizan el mercado, provocando a potenciales clientes a comprar en forma irracional, produciendo angustia, ansiedad, desesperación y baja auto estima en el ser humano que no puede alcanzar la categoría de consumidor de los productos anunciados.
Estos lances degeneran el tejido social y siembran un espectro abonado para un síndrome endémico: contra lo que se dice, las fusiones tienen como principal efecto la pérdida del empleo, esto conlleva a la pérdida del poder adquisitivo y sin éste, deviene el hambre, la desintegración familiar, la enfermedad y..la muerte.
Las personas sencillas de los pueblos vapuleados del mundo, no tienen capacidad para imaginar dos billones 963 mil millones de dólares, sin embargo, los economistas aseguran que en el último año las fusiones superan el 67 por ciento del Producto Interno Bruto de todos los países de América Latina sin contar las adquisiciones entre empresas para crear compañías y controlar amplios segmentos del mercado, facilitando la expansión fuera de los países de origen al permitir crear ventajas financieras, gerenciales y operativas. Son firmas con poder económico para influir y enfrentar a gobiernos electos por la ciudadanía, que abarcan una amplia gama de negocios y de sectores económicos.
Para nosotros la unión hace la fuerza, para ellos la unión podría hacer la muerte. Para todos ellos la lucha contra el Sida es algo lejano y distante.
En nuestros días la historia de África se está escribiendo con una tinta insustituible: sangre infectada de VIH, que llegó a nuestro continente, con mayor rapidez que el concepto de pirámide que tardó unos dos mil quinientos años en llegar a América aunque en Egipto se construyeron desde la Tercera Dinastía hará unos cinco mil años.
En México, Cuicuilco que no es pirámide sino una formación troncocónica tiene más o menos dos mil quinientos años y el templo conocido como E- VII Sub de Uaxactun, también piramidal en la zona maya es de una edad similar y éstas son las más antiguas que se conocen.
Enterrados y mal muertos quedaron aquellos conceptos de la raza cósmica que alguna vez concibió nuestro icono del pensamiento José Vasconcelos: “ una invención semejante (La base de la civilización blanca es el combustible) hubiera sido imposible en el cálido Egipto, y en efecto, no ocurrió allá, a pesar de que aquella raza superaba infinitamente en capacidad intelectual a la raza inglesa. Para comprobar esta última afirmación basta comparar la metafísica sublime del Libro de los Muertos de los sacerdotes egipcios con las chabacanerías del darvinismo spenceriano. El abismo que separa a Spencer de Hermes Trismegisto no lo franquea el dolicocéfalo rubio ni con otros mil años de adiestramiento y selección.
Los blancos intentarán, al principio, aprovechar sus inventos en beneficio propio, pero como la ciencia ya no es esotérica no será fácil que lo logren; los absorberá la avalancha de los demás pueblos y finalmente deponiendo su orgullo, entrarán con los demás a componer la raza síntesis, la quinta raza futura...”
Según los últimos informes de la OMS al África le quedan cincuenta años de vida.
Por ello, la conquista del trópico que transformaría todos los aspectos de la vida con que soñó Vasconcelos ya no será. Como tampoco veremos la arquitectura abandonar la ojiva, la bóveda y en general, la techumbre que respondería a la necesidad de buscar abrigo, para ver en su lugar erigirse portentosa la pirámide, ni en Egipto ni en México, porque aquí las noticias tampoco son alentadoras, El SIDA, la nueva peste ocupa ya la segunda causa de muerte entre los mexicanos.
Esclavizados bajo el grillete del VIH, tenemos a jóvenes de veinticuatro a treinta y cinco años. Hay entre 198 mil y 270 mil infectados. Quince mil enfermos sin acceso a los servicios de salud, porque además las instituciones médicas no cuentan con medicamentos suficientes. En 1986 se atenazó el primer sorpresivo grillete en nuestro país, esto significa que en menos de 22 años estamos sucumbiendo al silencioso flagelo del SIDA, cuya mortal quietud sólo se rompe al fuetazo del cadáver que cae en el sarcófago.
Hace cinco mil años, aunque tuviera sólo el nombre del rechazo y el odio racial, el apartheid era suficiente motivo de infelicidad para los africanos. El SIDA no había sido aún concebido por la mente de aquellos que desataron la guerra infecto lógica de nuestros días, impulsados por el injustificado fin de la codicia.
La consigna es…África para los blancos.
El muerto está tendido, en torno a él la familia lo despide, como un acto de protesta contra el SIDA desfilan los “dam” de Liberia, los “ kota” de Gabón, los “ pende” de Zaire. La gente lleva máscaras representando a los perversos maquinadores de la guerra infectológica que pretende apoderarse de sus ricas tierras, pero anuncian que esta vez no serán engañados y que el mal que inocularon contra sus hermanos de raza negra se le revertirá en el corazón de su civilización, enarbolan relicarios de los kota, sogo y fang de Gabón para protegerse de los seres malignos, los tambores percuten, el espíritu se ensancha, entonan “mornas”(canciones lamentosas) y mueven las caderas en “Coladeiras” (ritmos sensuales) nacidos del ombligo del mundo: Cabo Verde.
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