En el laboratorio, como en otros espacios de la vida, también se entretejen rivalidades, frustraciones, envidias y hasta deslealtades en nombre de un hallazgo científico. En definitiva, detrás de los microscopios hay... seres humanos.
La carrera por descubrir el virus causante de una extraña enfermedad —que en sus primeros tiempos se denominó erróneamente “peste rosa” porque se creía que afectaba sólo a homosexuales— comenzó temprano en los 80.
Separados por un océano, los científicos Luc Montagnier, del Instituto Pasteur de Francia, y Robert Gallo, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, no separaban sus ojos de la lente, el tiempo apremiaba y el virus desconocido se diseminaba como arena al viento.
La película de 1993 “And the Band Played On” describe los primeros años de la epidemia de Sida y esta batalla entre eminencias. En el filme, Robert Gallo (Alan Alda) no queda bien parado. Se lo muestra como un investigador sin demasiados escrúpulos y a Luc Montagnier (Patrick Bauchau) como el líder de un equipo de científicos realmente dispuestos a hacer historia.
En la vida real, Montagnier llegó a denunciar que Gallo utilizó fraudulentamente las muestras de VIH que él mismo le había enviado para “robarse” la autoría del descubrimiento.
Luego de años, llegaron a un acuerdo: los dos pasarían a la historia como co-descubridores del VIH.
En 2000, ambos recibieron el premio Príncipe de Asturias por este logro “compartido”. Ahora, el Nobel dice que uno de ellos, Montagnier, tiene más mérito.
Y las pipetas, los tubos de ensayo y las muestras celulares, seguirán guardando secretos que jamás serán revelados.
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