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Buenas para gritar. Las mujeres somos buenas para gritar y nadie nos lo ha tenido que enseñar. Lo aprendimos desde siempre y no sólo ante el susto sino por todo: de niñas, cuando el vecino del barrio nos mostraba un gusano. De adolescentes, si el “roba corazones” nos invitaba a salir. Y ahora de grandes, con el novio, esposo, hijos. Gritamos hasta más no poder.

Mudas ante un ataque. Pero ante una situación inesperada muchas nos quedamos paralizadas, sin emitir ningún sonido. Me sucedió con el tío Carlos cuando era adolescente. Me quedé petrificada el día que se acercó a besarme en la boca. Desde entonces las pesadillas de ser atacada y querer gritar sin que salga ningún sonido me persiguieron por un tiempo.

Una solución. Pero, después de tantos años, recién el sábado 28 por fin econtré una solución “fácil y gratis” para erradicar el temor de quedarme muda ante un ataque: Practicar mi grito de defensa. La extraordinaria idea la tomé del consejo de una Mujer policía de Fairfax, durante un taller de defensa personal dirigido a un grupo de mujeres de la Coalición Iglesias Bautistas del Norte de Virginia.

Un arma única. “El grito es una de las armas más poderosas que tiene la mujer”, dijo la oficial al explicar que cuando un violador quiere atacar, su objetivo no es “sexual” sino de “poder” y “control” sobre la víctima. El grito, acompañado de otras acciones de defensa rompen el esquema de control y muestran al atacante que no somos presas fáciles.

A practicar. El consejo de la oficial fue muy sencillo. “Practiquen gritar cuando no haya motivos... En sus casas a solas o enciérrense en el auto y griten muy fuerte” dijo. “Hagánlo una y otra vez, así cuando alguien las asalte, el grito les saldrá natural”, expresó.

Otras tácticas. Otras recomendaciones muy puntuales:
• Usar la llave del auto como un arma. (por supuesto que hay que encontrarla antes. No buscarla recién cuando se vaya a encender el auto)
• Clavar la llave en los ojos del agresor .
• Si una mujer es sujetada por detrás, golpear con fuerza con los codos al abdomen.
• Si el atacante se coloca encima, subir las piernas en posición de parto y con las caderas votarlo con fuerza hacia los lados.
• Sin duda habló de otra arma efizaz: golpear los testículos. “Sujétalos, retuércelos y jálalos”, recomendó sin bromear.

milagros@eltiempolatino.com

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