Recibo un correo electrónico de Laura Ramírez-Drain, la presidenta y fundadora de la Fundación Alcanzando Metas: cumplen cinco años. Este año gradúan a 28 jóvenes mujeres, al mayoría latinas, que han conseguido terminar sus estudios de High School —contra viento y marea, superando enormes retos socioeconómicos— y están en camino a la universidad. Todo gracias a la labor de tutoría y mentoría de la Fundación de Ramírez-Drain quien explica en su correo que ya tiene la comida y la bebida, que ha conseguido una pequeña ayuda económica para los diplomas, que este año no hay mucho dinero pero que el evento anual está en marcha. Será el martes 9, a las 6pm, en el Sumner School & Museum de Washington, DC. Me dice Ramírez-Drain que quiere que yo sea maestro de ceremonias, que forme parte de la fundación. Le digo que con ser voluntario es suficiente para apreciar y contribuir a lo que hacen. En estos cinco años he sido testigo de los primeros pasos académicos hacia la superación de más de 40 jóvenes estudiantes que, sin esta ayuda, nunca habrían soñado con “alcanzar metas”, con la idea de la superación. Las estadísticas están en su contra: más de la mitad de las latinas estadounidenses (53 por ciento) quedan embarazadas, al menos una vez, antes de cumplir los 20 años, según datos de la Campaña Nacional para Prevenir Embarazos en las Adolescentes. El impacto en el desempeño académico de estas jóvenes es enorme. Pero no tiene que condenarlas al fracaso escolar. Ahí es donde entra en juego el trabajo, la ilusión y el compromiso de personas como Ramírez-Drain y su equipo. Alcanzando Metas trabaja con jóvenes a las que se les enseña a mirar más allá de su presente.
Las metas. Este año el programa gradúa a jóvenes mujeres de las escuelas Cardozo, Roosevelt, y Bell Multicultural en DC. Pronto, según Ramírez-Drain, se expandirán hacia el norte de Virginia y ya han recibido propuestas de otros estados para crear una iniciativa similar. Nada mal para un proyecto humilde que tiene un impacto real. En este tiempo hemos escuchado (y publicado) testimonios estremecedores y emocionantes: una estudiantes que, luego de superar la tensión pandillera, se preparaba para entrar en su primer año de universidad; otra joven que contó la dureza de tener que dedicarle más tiempo al trabajo que al estudio y, sin embargo, gracias al programa ya tenía planes para convertirse algún día en profesional; una madre adolescente que reflexionaba sobre su necesidad de seguir estudiando para darle un mejor futuro a sus bebé... Este año, los sueños se expresan en frases como éstas: “Quiero ser un modelo para las otras adolescentes y reducir el fracaso escolar en la comunidad hispana”, “Quiero abrir una clínica gratuita en mi comunidad para ayudar a los bebés y sus familias”, “Quiero ofrecer cuidado dental que la comunidad pueda pagar”, “Quiero detener la violencia en mi comunidad”... Estas son palabras de algunas profesionales latinas del futuro. Hay esperanza.
—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com
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