Llegaron preguntando por mi. Una vecina de Alexandria, Virginia, que vive junto a su casa, había convencido a su abuelita para que las trajera a la oficina de El Tiempo Latino. Eran cuatro niñas estadounidenses de madre salvadoreña. Sonreían con timidez y cuando la abuelita les pidió “digan algo sobre su mamá” hablaron de amor, de cariño, de echar de menos, de “miss you” dicho en inglés y con voz quebrada. Luego, Magdalena Villanueva, la abuela, explicó como pudo el caso de su hija y rogó con ojos vidriosos que contáramos su historia: su hija, la madre de Natalie, de 6 años, de Michelle, de 7, de Melissa, de 9, y de Nelly, de 13, había sido detenida a raíz de un incidente de tráfico y luego puesta a disposición de las autoridades de Inmigración. La policiía llegó a su casa, dijo Villanueva, y se llevó a su hija entre los llantos de las pequeñas. Entonces llevaban, dijo, tres semanas sin verla. Querían ayuda. Se le contactó con la Cónsul General de El Salvador, Ana Margarita Chávez, quien tiene amplia experiencia en lidiar con complicados casos migratorios de sus connacionales. Villanueva también quería que la prensa se hiciera eco de su drama familiar. Tengo que hacer todo lo que pueda para ayudar a mi hija y a mis nietas, explicó. La jefa de redacción de El Tiempo Latino, Paula Andaló, valoró el peso noticioso, la historia o artículo de interés humano que nos había llegado por la puerta. Como en otras ocasiones, se pasó la tarea a Milagros Meléndez-Vela, una de las reporteras en español del área de Washington con más horas de vuelo comunitario. El resultado se publicó en la edición del 24 de abril.
El milagro. La Policía informó de que la hija de Villanueva, María Ofelia Rosales, tenía una orden de deportación pendiente. La cónsul Chávez dijo que el caso era muy difícil. Pero el abogado, Miguel Rivera, leyó el artículo sobre Rosales y decidió ir a visitarla en el centro de detención de Hampton Road, en Virginia Beach. La mujer había pegado la página de El Tiempo Latino donde se hablaba de ella con la foto de su mamá y sus hijas, sobre la pared de su celda. Cuando vio a Rivera le dijo que desde que había leído el artículo supo que se iba a producir un milagro. ¿Era posible que parte del “milagro” fuera esa visita? Rivera “presentó una moción de emergencia para evitar la deportación inmediata y reabrir el caso, amparándose en una sección del Acta de inmigración que protege a víctimas de violencia doméstica”, según se cuenta en el artículo de Meléndez-Vela del 15 de mayo. Esa historia se titula: “Libre y de nuevo con sus hijas” y está presidida por una foto de cuatro niñas y una madre abrazadas y mirando hacia el futuro. Los abogados y el mismo consulado salvadoreño nos advierten de la dificultad del caso de Rosales. De que podemos estar aún lejos de un final completamente feliz. Pero nadie nos arrebata el gozo de ser testigos de la ayuda y solidaridad humanas.
—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com
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