Primera vez. Viví la experiencia de mi primer voto en Estados Unidos a pleno, con la responsabilidad y orgullo de haber sido partícipe de un momento histórico en el país y en el mundo. “Madrugué” como miles que se apresuraron por llegar a sus lugares de votación desde tempranas horas; aunque no como la señora que llegó a las 4 de la mañana a la escuela Campbell en Arlington para ser primera en la fila, según me contó el presidente del recinto electoral 43, Rubén Sira.
Confieso que mi desvelada no se debió tanto al afán cívico, sino al espíritu periodístico de registrar con mi cámara, libreta y lápiz los primeros momentos del trascendental día, antes de dar mi voto en un local de Annandale, Virginia.
Extrañé el feriado. Al observar tan largas filas desde el amanecer —como no había visto en mis años de periodista en Washington— recordé las dos únicas veces que voté en mi tierra de origen, Perú, donde el voto es obligatorio y vuelca masas a las calles, al igual que en Ecuador, Argentina o Costa Rica, por nombrar algunos países de Latinoamérica. Extrañé el ambiente de feriado, de fiesta electoral y sentí nostalgia por las tertulias y debates familiares en la mesa, propias del “día de elecciones” que en muchos países latinoamericanos generalmente se realiza el domingo.
Un día más de trabajo. Por el contrario, el martes 4 en el área de Washington y Estados Unidos, “Joe, el plomero” o “Tito, el constructor” madrugaron para ejercer su voto y así continuar con su jornada laboral, como un día cualquiera de trabajo. Otros, se apuraron en terminar sus tareas para llegar a las urnas antes de que cerraran los locales de votación.
Habría que evaluar si el país no se merece un feriado electoral... No estoy sola en mi opinión. El lunes 3, el congresista Luis Gutiérrez (D-Illionis) se hizo una pregunta similar cuando Radio América lo entrevistó por teléfono. “Deberíamos cambiar el martes”, sugirió cuando con un tono jocoso envidió a su hija, quien estudia en Puerto Rico. “Allí se tomaron el feriado, desde el lunes 3. Un día previo para prepararse, el propio martes para votar y hasta el miércoles para celebrar”, se rió.
Fiesta en DC. Fue recién avanzada la noche que las imágenes de celebración en DC por el triunfo del senador Barack Obama a la presidencia reflejó ese “espíritu de feriado y fiesta” que yo añoraba. Gente en algarabía, bailando y abrazándose unos a otros, al tiempo que las bocinas de los vehículos no cesaban de pitar.
Independientemente de mi voto, observar esas imágenes de júbilo en las calles añadieron “el toque latino” a las memorias de mi primer proceso electoral en un día tan especial. Me pregunto: ¿habría sentido nostalgia si el ganador hubiera sido McCain?
milagros@eltiempolatino.com
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