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Joel Roberts Poinsett, primer embajador de Estados Unidos en México, escribió un libro autobiográfico con un título como este, y quien al paso de los años resultó ser el primer gran especialista en “estados fallidos” con un  talante para su profesión oficiosa que si no los encontraba, usaba todo su artilugio político y plenipotenciario para crear esos estados fallidos.

 

Carlos Pascual renunció hace un par de días a la embajada de Estados Unidos en México hasta donde había sido asignado a propuesta del ex presidente Bill Clinton y apoyada por el presidente Barack Obama. Renuncia que ha causado un fruncimiento y alta tensión entre los dos países como hace tiempo no se vivía luego de una serie de desencuentros que desencadenó las filtraciones de la ya célebre Wikileaks.

 

Joel Roberts Poinsett era un lenguaraz, el paradigma de lo anti diplomático por excelencia que no solo va a decir todo lo que piensa en el país que lo recibe como embajador plenipotenciario, sino que además escribe un libro donde raja a voz en pecho su sentir sobre México, lo sucio que es la ciudad de Veracruz con sus zopilotes y buitres en las azoteas de sus casas esperando carroña a la menor provocación, así como las chinches y ratas que muerden su cama por las noches, los gritos y chiflidos de la población jarocha que molestan sus oídos en el día.

 

Sin embargo su fiereza no le abona sensibilidad para captar la majestuosidad de los templos religiosos en la ciudad de Puebla: “En medio de todo este esplendor entraban indios miserables y semidesnudos, que nos veían boquiabiertos o se arrodillaban ante el altar de algún santo predilecto, ofreciendo un contraste tan especial como doloroso frente a la magnificencia del templo. Entre nosotros (en EU) el forastero no ve ese sorprendente y asqueroso contraste  ”.  

 

El embajador Carlos Pascual, es necesario decirlo, no actuaba como  Joel Roberts Poinsett en público, sin embargo sus reportes hacia Washington iban cargados de TNT contra el presidente Calderón y la actuación del ejército mexicano era ignominiosamente cuestionada en la guerra contra el narcotráfico.

 

En la segunda mitad del siglo 19, el 20 y lo que va del 21, ha habido otros embajadores ríspidos y otros abiertamente camorristas como fue el caso de Henry Lane Wilson, embajador ante México en los años 1910-1913, tiempo en que se ve implicado en el complot del que resultan cobardemente asesinados el presidente y el vicepresidente de México, Francisco I. Madero y Aquiles Serdán siendo presidente de USA, William Howard Taft.

 

Fulton Freeman funge como embajador de los intereses de USA en México durante los años que van desde 1964 hasta el año de 1969, le toca asistir con esa calidad el conflicto estudiantil que tiene como colofón la masacre de Tlatelolco en 1968, con una participación directa y constante aunque mesurada. Un cable de la época de F. Freeman reporta que:”Es muy poco probable que la inconformidad de los estudiantes tome proporciones criticas, al menos en los próximos años”. (“La Charola, una historia de los servicios de inteligencia en México”. Ed. Grijalbo, p. 133. Sergio Aguayo Quezada). En contraste, los servicios de inteligencia mexicanos -Dirección Federal de Seguridad-  manufacturaron un análisis opuesto y equivocado que llevó al gobierno de Díaz Ordaz acciones criminales para aplastar el incipiente movimiento estudiantil de 1968 con todos los excesos y ventajas posibles.

 

Años antes, el presidente de la República Adolfo López Mateos y el secretario de Gobernación Gustavo Díaz Ordaz habían comparecido como testigos en la boda del jefe de la estación de la Agencia Central de Inteligencia en México (CIA) Winston Scott (1956- 1969) celebrada en una mansión de uno de los magnates de la época Pablo Dietz  en la Lomas de Chapultepec -Opus cit. P. 103- Este hecho histórico que pretendió ser anécdota de manera imposible, sirve para ubicar la dimensión de la relación bilateral entre México y Estados Unidos por aquellos años y cuya situación evidentemente ha cambiado en los tiempos actuales. Sí. ¿Hasta dónde?  

 

John Dimitri Negroponte es considerado por excelencia un diplomático por experto en estados fallidos y fue designado embajador de México al final de los años ochentas, cuando aún existía resquemores por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena en 1985, situación que tensó las relaciones con Washington desde donde se cuestionaba la lentitud de las investigaciones para esclarecer el crimen. Negroponte es egresado de la Univerisdad de Yale en los años sesenta, donde es elegido para integrar la Sociedad Secreta Skull and Bones. (Calavera y Huesos) cuya traducción lo dice todo.

 

De ahí que, cuando se difunde la designación como embajador a John Dimitri Negroponte, la sola mención causa estupor en México donde se le conocía sobre su reciente desempeño en Honduras y Nicaragua, ya que se le imputan las operaciones de la Contra desde su puesto de embajador en Honduras. Además, se le atribuyen autoría y organización de la Operación Cóndor en la República de Chile, donde colabora y ejecuta órdenes de Henry Kissinger. La noticia fue recibida como un signo fatal para un país acosado por el fantasma del intervencionismo norteamericano. El presidente de México por entonces era el licenciado Carlos Salinas.

 

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Negroponte es promovido a los niveles más altos de la política y la diplomacia, cuando George W. Bush lo nombra embajador de USA ante la ONU, y más tarde de Irak en abril de 2004 después de la caída de Saddam Hussein. El 17 de febrero de 2005 fue nombrado jefe del nuevo Consejo de Inteligencia Nacional de Estados Unidos (DNI) por el Presidente Bush, con la misión oficial de evitar nuevo errores de Inteligencia como los del 11 de septiembre de 2001 y los errores de análisis sobre Irak.  

 

Durante el gobierno de Felipe Calderón se ha hecho un esfuerzo por cumplir cabalmente con los protocolos diplomáticos y llevar una relación cordial y de respeto mutuo con los Estados Unidos. Pese a ello la relación bilateral se ha ido deteriorando paulatinamente en un corto lapso de tiempo donde ha habido todo tipo de escándalos: Ataques en la prensa estadunidense: “México es un Estado fallido”; atentados contra agentes estadunidenses en el interior de México; muerte de menores connacionales en la frontera del lado mexicano a manos de agentes de la Border Patrol; Sobre vuelos de aviones no tripulados sobre territorio nacional a petición del gobierno federal; Operación de trafico ilegal de armas al interior de México denominada “Rápido y furioso” desde el gobierno estadunidense a espaldas del gobierno mexicano; expedición de leyes anticonstitucionales que persiguen indocumentados mexicanos en el Estado de Arizona por el sólo hecho de su apariencia física; Aumento escandaloso de la venta de armas a los grupos delincuenciales mexicanos; Negativa del gobierno estadunidense a dictar leyes que inhiban el tráfico de armas hacia México; Negativa del gobierno estadunidense a dictar leyes que inhiban el tráfico de dinero sucio hacia México;  Amenazas de invasión a México al más alto nivel del asesor de seguridad nacional del secretario de la Defensa estadunidense Joseph Westphal quién manifestó públicamente que, al sentirse amenazados, el ejercito de USA intervendría en nuestro país para combatir la delincuencia organizada; Wikileaks difunde los cables del embajador estadunidense en México Carlos Pascual y todo se derrumba en cascada.

 

Relación bilateral que ha derivado en un pugilato a nivel presidencial USA-México de toma y daca desde los medios de información, todo ello bajo un denominador: El combate incansable del gobierno de Calderón contra el crimen organizado, situación que parece ser la causa de todos los males en ésta relación.

 

Algo pasó que el guión que tenía Washington sobre los 6 años de Calderón en los Pinos que de pronto, se reveló completamente distinto. Todo hace suponer que la llegada del PAN al poder significaría que el presidente Calderón les franquearía las puertas de la Nación para que ellos entraran y dispusieran a su antojo del patrimonio nacional. ¿Era eso lo que esperaban? El presiente de México no está obligado a recibir ese trato ni esas son las formas y menos la crítica a ese nivel delante del pueblo que le otorgó ese mandato, porque de soportarlo en silencio o con respuestas “tibias y diplomáticas” únicamente obtendría el repudio generalizado de las masas en las calles pidiendo su renuncia más temprano que tarde.

Fabricantedespejos@hotmail.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Etiquetas: EMBAJADOR, EN, ESTADUNIDENSE, MEXICO

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